RIZE OF THE FENIX – TENACIOUS D (COLUMBIA 2012)

Por José Antonio “H” Martínez



Hache Martinez - Quimera Fest - Conciertos en Colombia - Two Inky Produce - Bogotá

Hablar de un proyecto musical en el que participe Jack Black (quien para sorpresa de muchos ha colaborado con Probot o bien con personalidades de la altura de Meat Loaf y Queens of the Stone Age) puede provocar reacciones diversas. Habrá quien se muestre y hasta declare seguidor -si no es que fan del actor y músico consagrado- o bien se corre el riesgo de ser criticado duramente y hasta crucificado socialmente. Sin embargo, y pese a ello, en esta ocasión degustaremos un disco grabado por Tenacious D, la banda de este personaje.

Tenacious D se trata del dueto de heavy metal (no es broma) formado por Kyle Gass (mejor conocido como KG, léase Cage) y Black tras conocerse en los ochenta -en Edimburgo, Escocia, en el festival Edinburgh Fringe- sin mayores pretensiones que tocar y divertirse.

Pocos sabían de la existencia de este combo (algo que sigue pasando hoy día) que se mantuvo en el “under” por años, y que en 2001 dio a luz a su primer crío: una placa homónima que los introdujo en el circuito del rock y que a muchos nos sorprendió gratamente.

Cuando parecía que no se sabría nada más del poderoso dueto, apareció en 2006 The pick of destiny, también el soundtrack de la cinta del mismo nombre y que es una verdadera joya del cine de humor negro en la que aparecen personalidades como Dave Grohl.

Seis años más habrían de pasar para que tuviéramos la fortuna de contar con un nuevo fonograma de TD, ya que en 2012 apareció The rize of the Fenix, una verdadera oda al metal y especialmente al Heavy Metal, pero también una crítica, dura pero deliciosa, a la escena del rock, los rockstars y los empresarios.

The rize of the Fenix no sólo es bueno en cuanto a lo musical, también el diseño y el ¿arte? tienen su mérito y complementan a lo sonoro.

El digipack, en colores rojos (alusión clara al ave de fuego) y con una portada en la que se aprecia algo muy similar al gallito inglés o al gallito mexicano -consignado por Armando Jiménez (+) en el libro Picardía Mexicana– posado sobre letras de piedra es un buen anuncio de lo que está por venir: 13 temas llenos de poder, melancolía, crítica y mucho, pero mucho sarcasmo.



El primer track, que da nombre al plato, es también uno de los mejores. La intro, a manos de Black -que toca firme, poderoso y magistral una guitarra acústica- hace que uno se enganche desde el primer momento. Tras unos acordes se suma la voz de KG y poco después un par de guitarras eléctricas distorsionadas, un bajo contundente y las baquetas de Dave Grohl, apaleando toms, tarolas y platillos. Es metal puro, al rojo vivo y dispuesto a hacer hervir la sangre.

En segundo lugar llega “Low hangin’ fruit”, un corte que denuncia la influencia del stone rock y del metal primigenio; muy a lo Zeppelin, una buena muestra de que lo único que hace falta para rocanrolear son las ganas y una buena dosis de rasgueos sobre las cuerdas.

El preámbulo para “Señorita”, es “Classical teacher”, un diálogo (a modo de divertimento) entre Black, Gass y un guitarrista español que contextualiza y permite entender por qué un dueto metalero canta en espanglish. Con tintes de flamenco, frases incongruentes en la lengua de Cervantes y una coda estridente, veloz y ponchada, “Señorita” podría ser la segunda en lista de destacadas del material.

“Deth starr”, que inicia suave pero con fuerza y tras un corte se vuelve explosiva y energética, es una reflexión sobre la devastación de la que es objeto el planeta a manos del ser humano.

Con el número seis llega “Roadie”, fotografía perfecta del trabajo de quienes viajan y soportan a las bandas durante las giras. Se trata de un homenaje a esos que –afirman Black y Gass- hacen que el rock and roll siga.

Posteriormente encontramos “Flutes and trombones”, que, como en el caso de “Classical teacher”, es un diálogo lleno de chistes y sarcasmo.

“Ballad of Hollywood Jack and the rage Kage” es un paseo por algún bosque de Irlanda, lleno de gnomos con ollas repletas de monedas de oro, efecto que provocan las líneas melódica y de guitarras acústicas y flautas transversas. La pieza suena muy celta pero sin llegar a ser folk pues mantiene los pies bien plantados en su género.

“Throwdown” es la mezcla perfecta entre el blues y el rock (aunque de entrada, habría que decir que el rock es hijo putativo del blues) que trae a la memoria a bandas como Status Quo o The Yardbirds. Se trata de un corte bastante áspero y fangoso que huele a pantano y sudor. Huele, suena y sabe a rock and roll.

“Rock is dead” es frenética, veloz y pesada como muscle car. Es un viaje a toda velocidad a bordo de un Mustang 67. Rasgueos desenfrenados, solos de guitarra que amenazan con calentar las cuerdas y provocar un incendio, además de bajo y batería que obligan a mover pies y cabeza salvajemente son los ingredientes de este manjar.

“They fucked our asses” es la parte “romántica” del disco, pero sólo en lo que a sonido se refiere, ya que la letra es una “carta de amor” para las grandes disqueras (aunque paradójicamente TD firmó con Columbia). Es también una declaración de principios.

El preámbulo al cierre es “To be the best”, un corte muy al estilo del rock de los noventa, con un sonido bastante tecno gracias a los sintetizadores que en ese momento eran el instrumento de moda y el arroz de todos los moles. Podríamos decir que es también una conseja para quienes quieren llegar a ser la mejor banda, el número uno en las listas del mainstream.

Por último encontramos “39”, una pieza que se mueve entre el blues y el country. Es Cash, Tom Waits y muchos más. Es el cierre perfecto, la muestra de que, a pesar de ser bastante lúdicos y parecer un chiste, Jack Black y Kyle Gass, es decir Tenacious D, se toman muy en serio esto de hacer música y sobre todo, esto de hacer rock and roll.









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