TRIBUTOS Y TRIBULACIONES

Por José Antonio “H” Martínez



A todos, querido lector, en más de una ocasión nos ha tocado estar en algún lugar donde se presenta o ameniza una agrupación de esas conocidas como “versátiles”, además de las ya conocidas “bandas tributo” que durante 1 o 2 horas se dedican, algunas a ejecutar a proponer versiones realmente interesantes, otras a tocar de manera cuasi idéntica; y muchas, a destrozar salvajemente las piezas de los homenajeados. Se ha vuelto tan común toparnos con este tipo de cosas, que ya nos acostumbramos a ello y lo tomamos como algo normal, lo que me parece, resta valor al concepto tributo y al trabajo de quienes maquinan y maquilan cómo recordar a un personaje o agrupación, de forma que lo realizado esté a la altura.

Quiero aclarar que no tengo nada en contra de los tributos, al contrario, me parecen una buena forma de hacer honores a quienes han nutrido la música y el arte en general, además de lograr que los más jóvenes se acerquen a esos grandes; lo que me parece poco loable, es que un tributo acabe siendo una tribulación, la misma banda, con las mismas canciones y no en el mismo lugar, en muchos lugares; sin proponer nada nuevo y viviendo de la creatividad de otros.

Algo que se repite, no solo en los bares de cada ciudad, sino que también acontece en los conciertos masivos, donde últimamente hemos visto repetidos ejemplos de lo anterior, y para muestra basta un botón, o varios y es que en redes, se volvieron virales 2 casos en específico: aquel concierto donde Molotov, León Larregui, Café Tacuba, Mon Laferte y Kiny decidieron “interpretar” “Cuando pase el temblor, conocida pieza de Soda Estereo –sigo sin entender el afán de destrozar y destrozarse así con esa pésima ejecución- y que dejó mucho que desear y se volvió blanco de críticas.





Por otra parte, está el caso de Coldplay y la sorpresa que dio a los argentinos cantando “De música ligera”, de manera más que decente –aclaro que no me gusta Coldplay pero no puedo negar su calidad como músicos- y que, nos guste o no, fue un buen detalle, aunque creo que ambos casos surgen gracias a la Sodafibre causada por “El 7° día”; dos ejemplos de lo que anteriormente hablábamos, los tributos y las tribulaciones.





El hecho es que nada tiene de malo hacer covers, ser fan y querer homenajear a quien se idolatra o a quien se lo merece ya que para todos los gustos hay y debe haber opciones; lo malo es hacer de ello un negocio y vivir para siempre de dicha empresa, sin proponer ni aportar y peor aún, acabar creyendo, como David Chapman el asesino de Lennon, que se es igual de bueno, o mejor que el cantante, combo o artista original.



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